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Abril 1, 2019

La indígena trans que conquista las grandes pasarelas


Roxana, una indígena embera chamí de 24 años, hoy exhibe sus tejidos perlados en pasarelas de Londres, París y Nueva York. En el Día Internacional de la Visibilidad Transgénero, hace un llamado a la inclusión.

Indígena transgénero colombiana conquista pasarelas mundiales En su documento de identidad, Roxana es John Faber. Foto: SEMANA

Sentada en la cama de su cabaña dentro de la reserva Karmata Rua de la etnia embera chamí, Roxana Panchi, de 24 años, teje con delicadeza un brazalete. Mientras lo hace cuenta cómo descubrió que era una indígena transgénero. “Desde chiquita, yo soy niña. Solo que me daba miedo mostrarlo y vestía como hombre”, dice a  AFP.

La marca de esta colombiana se distingue por sus diseños de ropa cortada en tejido militar bruto o tinturado

En su documento de identidad, Roxana es John Faber. Y hasta hace poco era una embera más que disfrutaba de la “rutina” del tejido tradicional de perlas o chaquiras de su comunidad. Pero la vida le cambió hace dos años cuando conoció a Laura Laurens, una diseñadora reconocida, que la invitó a abrirse camino en el mundo de la moda.

En ese entonces, Roxana exhibía sus joyas sofisticadas en ferias de artesanías de Bogotá, pero hoy sus tejidos perlados iluminan las últimas creaciones de la diseñadora en pasarelas que van desde Bogotá hasta Londres, París y Nueva York. La marca de esta colombiana se distingue por sus diseños de ropa cortada en tejido militar bruto o tinturado, que combina con los diseños de perlas y las chaquiras de la comunidad embera.   

“Nací en un país en guerra. Uno crea desde donde viene”, sostiene esta mujer de 37 años. Según explica, su inspiración principal viene de que tanto el ejército como las Farc vestían con uniformes de “los mismos proveedores”, lo que llamó su atención. “Conceptualmente, es brutal en un país tan polarizado como el nuestro, pero al final muestra que somos lo mismo y el territorio es el mismo”, apunta Laurens.

Para ella, mezclar la tela militar con chaquiras, es una metáfora del territorio colombiano, de su diversidad. Y cuando un cliente compra una de sus creaciones, de entre 300.000 y 1,2 millones de pesos (de 100 a 400 dólares), se lleva “todo este tramado de historias que hay detrás de la prenda”.

“Yo les mando el patrón en papel y ellas hacen el telar en la misma figura (…) Me envían las piezas y después yo las ensamblo aquí (…) Es todo un trabajo a mano”, dice Laurens

Desde que se conocieron, Roxana y Laurens tejieron una fuerte amistad. La citadina pasó un tiempo con Roxana y otras emberas trans conociendo las dificultades en la que vivían y desde entonces una docena de indígenas transgénero, que también cultivan café, le ayudan con sus diseños. Laura inserta las chaquiras en sus modelos: motivos florales en el cuello de una túnica, líneas geométricas en los tirantes de un vestido de diseño poco convencional o botones hechos de balas perladas.

“Yo les mando el patrón en papel y ellas hacen el telar en la misma figura (…) Me envían las piezas y después yo las ensamblo aquí (…) Es todo un trabajo a mano”, explica en su taller “show room” de Chapinero, el barrio bogotano de moda. También se inspira en las figuras que se hacen con chaquiras, como la cabeza de tigre, que estampa en textiles coloridos tipo arco iris, símbolo de la comunidad LGBTI y de armonía entre los indígenas.

La lucha por la inclusión

El encuentro de estos “dos mundos” se consolidó en febrero cuando se presentaron en Londres, acompañadas de Yina Panchi, prima de Roxana. Seleccionada por el British Council junto a otros 15 diseñadores de Canadá hasta Sri Lanka, Laurens partició en el International Fashion Showcase (IFS) en el centro artístico Somerset House.

“Así como el proyecto lo hemos tejido juntas, lo seguiremos tejiendo juntas allá”, cuenta la diseñadora evocando la alegría que sintió al ver a las jóvenes trans en la capital británica.  “Podían mostrarse como son, nadie las miraba raro (…) Acá, la gente es más mirona, más cansona (fastidiosa), con más prejuicios”, señala.

“¡No quería ser un chico hombre! ¡Quería ser una chica trans!, dice Roxana

Y es que más una cuestión de reconocimiento, uno de los objetivos de ambas artistas es luchar por la inclusión a través de la moda. Laurens, por ejemplo, reconoce haber tenido una infancia difícil. “Sufrí un poquito, vi muchas chicas trans en la calle (…) en la prostitución más que todo”. Pero hoy gracias al activismo de mujeres, hombres trans, no binarios y feministas, “sabemos mucho más de cómo se han afectado de manera inaceptable los derechos de estas personas”, afirma Camila Esguerra de la Universidad Nacional.

Para esta antropóloga, hay que “subsanar el oprobio histórico”. Debido a “la expulsión familiar, escolar, del territorio, terminan en la imposibilidad de ingresar al mercado laboral en condiciones de trabajo y de empleo dignas”. “La sociedad condena a la pobreza y a la muerte a estas personas”, agrega. La Defensoría del Pueblo registró el año pasado 71 casos de violencia contra personas transgénero, “una de las poblaciones más discriminadas de la sociedad colombiana”.

Con voz pausada Roxana también evoca el proceso doloroso que la llevó a reivindicar su identidad, para el disgusto de su madre y parte de la comunidad embera, otra minoría marginada. “¡No quería ser un chico hombre! ¡Quería ser una chica trans!”. Ella espera que el 31 de marzo, Día Internacional de la Visibilidad Transgénero, ayude a tomar conciencia. “En unas clases de trabajos, no nos tienen en cuenta (…) hay que ser hombre hombre o mujer mujer”, lamenta. “Falta la igualdad”.

FUENTE: SEMANA


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