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octubre 13, 2021

Violencia pura


No hemos sido capaces de echar atrás la violencia machista. Y ya es hora de conjurarla.

Basta con leer los titulares de prensa para comprender el tamaño de la barbarie: “Hombre prendió fuego a su mujer porque ella se negó a lavar los platos”, “Capturan a novio por intento de feminicidio”, “la víctima tiene quemaduras en el setenta por ciento del cuerpo”. A veces una noticia sobre los peligros en la intimidad capta la atención de la ciudadanía porque señala los vicios de una sociedad, pero pocas noticias tan reveladoras del machismo que nos corroe, y pocos reportes tan importantes para entender la necesidad de desmontar la violencia masculina, como la historia del ataque a la joven Laura Vanessa Rincón.

Fue en la madrugada del sábado pasado en el barrio Santa Catalina, en Ciudad Kennedy, en Bogotá. El victimario le lanzó thinner a la víctima, para luego prenderle fuego. Ella fue llevada a la unidad de cuidados intensivos del hospital Simón Bolívar. Él fue capturado muy pronto, pero un juez de control de garantías le concedió prisión domiciliaria. Pese al respeto que merecen las decisiones de la justicia, es entendible la indignación que esta ha despertado porque la violencia machista es contra toda la sociedad. Sea como fuere, tendrá que responder por intento de feminicidio. Y el caso en cuestión, más allá de las notas de prensa, deberá conducir a cerrarle el paso a toda una cultura que ha vuelto tortuosa tanto la denuncia como la justicia en casos de violencia contra la mujer.

Según Medicina Legal, desde enero hasta agosto de este año no solo se cometieron 44 feminicidios en Colombia –el Observatorio Feminicidios Colombia habla de 432 casos–, sino que 24.492 mujeres fueron atacadas en su propia casa y 11.523 sufrieron violencia sexual. Basta con conocer esas cifras para entender por qué la Línea Calma, puesta en servicio por la Alcaldía de Bogotá, es una línea de vida o muerte a la que pueden llamar los hombres que pierden el control de sus emociones. No hemos sido capaces de echar atrás la violencia machista. Y es hora de poner toda nuestra voluntad al servicio de conjurarla.

FUENTE: EL TIEMPO


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