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Noviembre 7, 2019

Electos LGBTI: un triunfo por la igualdad política


De las más de 80 candidaturas abiertamente diversas, 21 ganaron en las urnas. Aunque sigue siendo poca participación, con este resultado Colombia se abre a una democracia más incluyente y plural que la de hace cuatro años.

Hoy la política tiene más colores. Los tarjetones del pasado 27 de octubre presentaron nuevos liderazgos, varios de ellos de personas con orientación sexual diversa. De hecho, la organización Caribe Afirmativo -que trata la participación política del movimiento LGBTI en Colombia- identificó que de las más de 117.000 candidaturas a algún cargo de elección popular regional, 80 pertenecían a esta población.

Los candidatos aceptaron abiertamente sus preferencias sexuales y de género, sin que su banderas de campaña fueran los derechos y agenda LGBTI. ¿El resultado? Positivo. Varios de ellos fueron vencedores y otros quedaron en el segundo lugar en votación. El consolidado, hasta ahora, arroja 21 personas diversas electas: 12 a concejos, cinco a JAL, tres a asambleas y una a alcaldía.

Claudia López es el ejemplo más visible del triunfo por la igualdad política. Contra los pronósticos de las firmas encuestadoras, sin mayores padrinos políticos (salvo Antanas Mockus) ni maquinaria, ganó con 1’108.541 votos. Una mujer, lesbiana, de procedencia humilde y hecha a pulso en el espectro público será la alcaldesa mayor de Bogotá en enero de 2020.

Pese a que no tiene un amplio recorrido en la política, su rol como senadora en el periodo pasado, la lucha frontal contra la corrupción y el voto de opinión fueron algunos factores que la catapultaron para pasar de segunda opción en la intención de votos a ocupar el segundo cargo más importante del país. Su caso es realmente excepcional, pero no es el único para la comunidad LGBTI.

Paola Pastrana incursionó en la política en estas elecciones. Se lanzó para ser concejala de Caimito, Sucre por el Partido Conservador y quedó elegida. Según contó, aunque ser lesbiana abiertamente no generó un efecto negativo en su aspiración, sabe que son muchos los prejuicios en contra de la población LGBTI en su pueblo.

“Me apoyaron más mi familia, amigos y la gente que me conoce. Llegar al concejo significa mucho. Imagínate, es la primera vez que sale electa una persona con orientación sexual diversa. Somos un pueblo donde se ven muchos los prejuicios. ¡Ajá!, no es como una ciudad grande en la que la gente lo ve como más normal. Acá a la gente le siguen gritando “maricas””, afirmó.

A kilómetros del caso de Pastrana está el triunfo de John Jairo Botero. Él salió vencedor en la lista al Concejo de San Rafael, Antioquia, por el Partido Conservador. De seis electos por el conservatismo a esa corporación, dos son gays. Si bien fue su primer intento para llegar a un cargo de elección popular, su éxito electoral responde, en parte, al trabajo por organizar la comunidad LGBTI en San Rafael, un municipio que estuvo asediado por la violencia. “Venimos trabajando en colectivo hace cuatro años. Nos estamos capacitando en política pública y parte de lo que queremos hacer es concientizar que el chico gay, la mujer lesbiana o la persona trans no es una célula aparte, sino alguien que merece el respeto y reconocimiento de la comunidad”, manifestó.

En pleno 2019, resaltar de 21 victorias de gays, lesbianas, transexuales, bisexuales e intersexuales tiene un fondo. Según Wilson Castañeda, director de Caribe Afirmativo, la conquista electoral de esta población no es acelerada, pero es certera y significativa. “Es muy importante para un grupo poblacional que históricamente ha estado marginado”, dijo.

Hace 49 años, cuando apenas se despenalizaba la homosexualidad, la comunidad LGBTI se formaba y sus integrantes pasaban de ser “objetos indeseados” a ciudadanos. Tras la constitución de 1991, liderazgos de personas con orientación sexual diversa se ponen al servicio del país y empiezan a incursionar en la política. En la década del 2000 la Corte Constitucional da derechos a que parejas del mismo sexo hereden en caso de fallecimiento del cónyuge, a ser beneficiarios de la salud de su compañero, a reconocer el matrimonio igualitario. En esas batallas se forjaron por la pluralidad desde lo legal y fueron escaños, también, para gestar con más ahínco una democracia incluyente.

En la reforma política de 1995, se le pide a los partidos que renueven sus bases sociales abriéndose a la participación de las minorías. Muchos de ellos apuntaron a acoger a las mujeres. Pero, el Partido Liberal y el Polo dieron los primeros pasos en trabajar la política con personas de esta comunidad. Luego de ello, las cifras recientes hablan de un avance. Hace cuatro años, Caribe Afirmativo registró en las regionales 68 candidaturas. De ellas, quedaron electas seis personas. Hoy, el número es mayor.

“Este es un movimiento con liderazgos maduros y en formación, con un alto poder de convocatoria, y cuyos candidatos van más allá de la agenda LGBTI, tienen una mirada de país”, explicó Castañeda. Con ese contexto y los resultados de las elecciones, las críticas en redes sociales siguen apuntando, aún, hacia un mismo lado: ¿Por qué hacer referencia a la identidad de género y sexualidad de los candidatos electos? La respuesta, en palabras de Castañeda, tiene que ver con el momento histórico que atraviesa la población diversa en la política.

“La orientación sexual antes se utilizó para discriminar. Inclusive, en este proceso electoral buscaron en varias ocasiones denigrar por ello a los aspirantes. Entonces, esta visibilidad es relevante porque la usamos como una acción afirmativa en dos sentidos. Primero, estamos superando vacíos de derechos por un prejuicio social institucionalizado, y segundo, estamos fortaleciendo la participación política”, aseveró.

De esa forma, la organización espera que sea una acción afirmativa “temporal y pedagógica”, para que en las próximas elecciones regionales esté tan transformada la visión frente a los candidatos LGBTI que ya no sea noticia su elección.

FUENTE: EL ESPECTADOR


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