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Agosto 5, 2019

La zona de la FARC que busca ser récord mundial por sus murales de paz


David Ordoñez, un joven del Valle de Sibundoy (Putumayo), camina desde hace dos años los Espacios de Reincorporación de la FARC, con el fin de pintar murales, junto a exguerrilleros, en las paredes de esas zonas. Pretende convertir en récord mundial el caserío de Agua Bonita (Caquetá) pintando cada uno de sus rincones. El proyecto llega a Ciudad Bolívar, en Bogotá.

David Ordoñez, ingeniero industrial de la Unidad Tecnológica de Pereira, actualmente uno de los integrantes de la Fundación Inty grillos Colorbia./Cristian Garavito.

“Desde que salí del Putumayo en 2010, siempre tuve esa venita de la revolución y cuando llegué a la Universidad Tecnológica de Pereira comencé a vincularme a procesos estudiantiles, pero eso me costó el exilio”. Con esta frase David Ordoñez rompió el hielo de esta conversación que se centra en cómo terminó pintando murales por la paz de Colombia. Tiene 30 años, cinco de ellos vividos en medio de ese arte, en Brasil y Chile, donde aprendió esa enseñanza que replicó en su pueblo, el tan mentado Valle de Sibundoy en el Putumayo.

Cuando salió del país, dice que fue por los paramilitares y agentes estatales que varias veces lo amenazaron con panfletos y hasta lo subieron en una camioneta para pasearlo por Pereira mientras era amedrentado. Ahí estudió su pregrado y se graduó de una profesión que nunca ha ejercido: ingeniero industrial. Allí sembró el sueño que tomó vuelo hace dos años en La Carmelita (Putumayo), la zona donde una parte de los guerrilleros del Bloque Sur de las Farc dejó las armas.  

Allí pintó al desaparecido jefe máximo de la exguerrilla, Manuel Marulanda Vélez, y luego lo cautivaron del Espacio de Reincorporación de Agua Bonita (Caquetá), donde está su mayor hazaña: convertir a esa zona en récord mundial en tener todos los rincones pintados con murales de paz. Fue a Miravalle, donde pintó los rostros de varios exjefes de las Farc y, principalmente, animales y plantas reproduciendo la selva que fue el antiguo hogar de los excombatientes.

Ahora está en Bogotá y tiene otro objetivo con Coomunarte (una cooperativa de los exguerrilleros de las Farc), su Fundación Inty grillos Colorbia, la Fundación Media Naranja y Bogotá Graffiti Tour s: trasladar ese proyecto a la localidad de Ciudad Bolívar y La Candelaria, para intervenir algunos lugares con las brochas, pinceles y aerosoles de los excombatientes y otros artistas nacionales e internacionales. La iniciativa se desarrollará entre el 16 y 11 de octubre próximo, pero están en busca de apoyo de la sociedad para ejecutarla.

¿Antes de llegar a las zonas de la exguerrilla en el Valle de Sibundoy hacían este tipo de arte?

Cuando regresé a Colombia en 2016 me junté con un amigo que es psicólogo y artista y le dije que comenzáramos a pintar el pueblo. Ahí coloreamos el primer muro, nació la Fundación Inty grillos Colorbia, empezamos a dictar talleres de ecoarte y luego a llenar a Sibundoy de murales. De ahí pues fuimos creciendo, la propuesta les fue gustando, fuimos embelleciendo el pueblo y haciendo pedagogía y ya pudimos hacer la primera caravana por la paz donde nos reunimos seis locos en diferentes disciplinas, entre cultores y psicólogos, y nos fuimos en un bus a recorrer todo el Putumayo. En cada municipio parábamos, dictábamos un taller y pintábamos. Eso fue en el 2016.

¿Qué pintaron en Sibundoy?

Entonces teníamos un promedio de 50 murales, ahora hay más, porque como es un lugar exótico para los artistas, un lugar de mucha cosmovisión indígena donde mucha gente va a tomar yagé, y va y pinta. En Sibundoy no encuentras firmas, hay piezas para embellecer al pueblo. En este momento el municipio ya tiene tres festivales distintos y el que nosotros hacemos.

¿Cómo fue su primera llegada a una zona donde las Farc iban a dejar las armas?

Fue hace dos años en la entonces zona veredal Heiler Mosquera, que quedaba ubicada en la vereda La Carmelita (Putumayo). Había un encuentro de jóvenes y la curiosidad de ir a ver cómo se empezaba a construir la paz, fui a esa convocatoria y como era el único grafitero les dije que si podía pintar y ellos me respondieron que lo hiciera adentro y que les regalara la pintura de Manuel Marulanda Vélez. Esa pintura les encantó y me propusieron que si me quería quedar para que dictara un curso de muralismo y grafiti.

¿Les enseñó a hacer murales a los excombatientes?

A Marulanda lo pinté yo, pero luego dicté un taller para quince excombatientes a quienes les enseñé las técnicas del grafiti y el muralismo. Hicimos piezas dentro del espacio que en esa época era una zona veredal. Eso fue en marzo de 2017.

¿Qué más pintaron en La Carmelita?

En La Carmelita pintamos unos quince muros. Ahí comenzamos a hacer una investigación de qué era lo que a ellos les gustaba, porque era muy gracioso, ellos todo lo querían pintar de verde, porque vivieron muchos años entre la selva verde, entonces yo ponía color fucsia y se extrañaban. Y comencé a ver que ellos tenían una afinidad muy grande con la fauna y la flora, y que conocían muy bien las aves, las plantas. En suma, ellos eran unos botánicos dibujantes. Fue muy bonito ese proceso porque ahí me cambió la línea del muralismo y comencé a pintar más cosas amazónicas. En La Carmelita están los rostros de los exjefes guerrilleros Manuel Marulanda y Jacobo Arenas, pero hay más dibujos de la fauna y la flora.

¿En ese momento solo se hablaba de muralismo o también de grafitis?

Se les llegó primero con lo de grafiti y ellos preguntaban que qué era eso. Algunos habían escuchado y decían que eran tachones que hacían en la ciudad, no lo veían como piezas artísticas. De hecho, para lo único que habían utilizado los aerosoles era para pintar las consignas de la guerra, como FARC-EP. Entonces, lo primero que ellos aprendieron fue el muralismo. La deferencia es que son dos técnicas distintas: el grafiti se enmarca en que solamente se utiliza el aerosol para pintar, mientras que el muralismo abarca cualquier técnica desde el pincel, la brocha, el esténcil, proyecciones, eso ya es el muralismo, que es la vinculación de varias técnicas.

¿Después de La Carmelita cómo llegó a los otros Espacios de Reincorporación?

En La Carmelita conocimos a Diego, un exguerrillero de la zona de Agua Bonita y nos invitó. Porque en el Putumayo las cosas se empezaron a caer. Algunos dirigentes se fueron y no teníamos cómo vivir. Yo me regresé a Sibundoy y luego recibí una llamada y me dijeron: “¿“Pelu”, usted quiere venir a construir ese sueño de Colorbia que tanto quiere?”, y yo dije: “hágale, de una”. Iba supuestamente a pintar cuatro muros, pero ellos dijeron que hiciéramos un festival y ahí comenzó todo: Agua Bonita se pinta de Color. Luego, en el segundo festival apareció un exguerrillero de Miravalle (Caquetá) y nos invitó a esa zona para hacer un festival de memoria histórica.

¿Cuántos murales hay actualmente en Agua Bonita?

Hoy en día hay más de 320 murales. Del cien por ciento del lugar, casi el ochenta está pintado. La idea es que ese lugar sea un ícono a nivel mundial. Para eso vamos a pintar los postes de luz, los techos de las casas, cada rincón de los baños. Queremos que el color y las gráficas sean el medio de comunicación. Y el otro plus es que será el único lugar en el mundo pintado por excombatientes que buscan la paz de Colombia.

¿Qué han pintado en Agua Bonita?

Allá se pudo hacer un trabajo, pues como no es un festival normal, sino muy pedagógico, se trabajó mucho con la comunidad, se hicieron talleres. Entonces, lo primero que se hizo durante los nueve días que dura el festival, es que cada uno de los participantes se levantaban, tomaban una pala y a las 6 am iban a sentir cómo es la vida del campo. En el primer festival pudimos reunir 20 departamentos y tuvimos a dos extranjeros: un noruego y un argentino. El tercer día ya nos reunimos solamente los artistas y empezamos a diseñar esas piezas, entonces, se habla mucho de la fauna y la flora, se habla mucho de la memoria histórica, se habla también de cómo la gente de la ciudad ve la paz, como ve a la gente del pueblo. Entonces, si uno hace un recorrido por el Etcr de Agua Bonita puedes ver que te encuentras la memoria histórica de Farc, después te encuentras con la flora y la fauna que fue el hogar de ellos que los protegió y luego te encuentras con el proceso de paz donde se hablaron muchas cosas y como la gente pinta la paz.

¿Cómo ha sido para los excombatientes este proceso desde su mirada de artista y profesor de muralismo?

Lo primero es que fue un choque de muchos colores. Entonces, ellos también se sentían dentro de tantos colores y no se encontraban, pero sucede que las Farc, antes y ahora, han apoyado el arte y la cultura, y muestra de ellos es que los exguerrilleros tienen grupos de música que nacieron hace 25 años. También colectivos de danza, de teatro. Para ellos era más poder entender cómo interpretar y valorar una obra.

¿En dos festivales sumaron todos estos murales?

Durante los dos festivales se sumaron más de 300 murales, pero como el espacio de Agua Bonita se volvió muy visitado por personas de universidades, entidades públicas y de la sociedad civil, ellos también quieren pintar. Y como el festival deja un poco de materiales eso permite que se pueda hacer ese ejercicio. En este momento hay muros que se han pintado y que no conozco.

¿Cómo llegaron a Miravalle?

En Miravalle fue otro cuento porque cuando ellos fueron a visitar Agua Bonita decían que el caserío era una Maloca, porque no entendían los colores. En Miravalle dijeron que querían el festival, pero solamente para pintar la memoria histórica de la guerrilla. “Queremos los rostros de nuestros camaradas”, dijeron. y Allá pintamos los rostros de Manuel Marulanda, Jacobo Arenas, el Mono Jojoy, La Pola, Santrich, y otros. Luego, cuando vieron el color plasmado en los muros querían que pintáramos mariposas, caballos, y otros animales y plantas. En Miravalle se pintaron diez murales.

¿Cómo fue el festival en el Espacio de Reincorporación de La Cooperativa en Vistahermosa (Meta)?

Ese espacio estaba muy abandonado y lo iban a acabar. Pero, vieron que esta propuesta había servido mucho para que los espacios volvieran a florecer y nos invitaron. No teníamos muchos recursos, pero fueron artistas de Bogotá y Villavicencio, e hicimos lo mismo. Hicimos semana cultural, invitamos universidades, se embelleció el lugar, los excombatientes volvieron, porque había solamente 20 excombatientes y después del festival 140.

¿Qué pintaron allá?

Allá también se hicieron unos talleres, pero fue otra cosa distinta porque se trabajó con el Ejército y la Policía, lo que no habíamos hecho en los otros espacios. Entonces, tú podías ver un exguerrillero, alguien de la Policía y alguien del Ejército con una brocha y un pincel pintando juntos. Eso nunca se había hecho en el festival y verlo fue muy lindo. Se hizo algo de memoria histórica, algo alusivo a la mujer y se pintaron muchas flores y animales. Pintamos 80 murales y cada exguerrillero pintó su casa.

¿Qué viene ahora para el proyecto?

Sacamos lo mejor de cada uno de los festivales e hicimos un proyecto para traerlo a Bogotá. Queremos mostrarles cómo pensamos esa paz desde los territorios para poder cerrar esa brecha que existe entre la ciudad y el campo. La propuesta es hacer un festival en Ciudad Bolívar donde existen las mismas necesidades que nosotros tenemos allá. Queremos embellecer ese lugar y hacer pedagogía. Igualmente vamos a hacerlo en la Candelaria para generar más turismo.

¿Van a utilizar la misma técnica de muralismo?

Vamos a mezclar muralismo y grafiti. Y los artistas van a venir de los espacios territoriales de donde vienen artistas de Caquetá, Putumayo y Meta, entre excombatientes y civiles que han participado en los festivales. Artistas tenemos un promedio de veinte, pero sabemos que van a llegar unos cuarenta. Esa es la base, pero bienvenidos todos los que quieran participar. Excombatientes vamos a contar con 10 artistas.

¿Cuáles serán las temáticas?

Las temáticas se van a hablar durante el proceso. Hay que saber cómo la comunidad de Ciudad Bolívar visualiza el arte. Esto va a ser durante nueve días y luego pasamos a la Candelaria para trabajar cinco días, solamente con los artistas, en una pieza gráfica.

¿Cómo los puede apoyar la población en general para que se lleve a feliz término este proyecto?

La idea de las personas que conozcan este proyecto y se quieran involucrar, es que nos apoyen con la logística del evento que consiste en tener transporte, alimentación, materiales, etcétera. Sea con dinero o cosas materiales, pues bienvenido ese apoyo que se necesita para hacer realidad el “Festival de Memoria, Paz y Reconciliación: Bogotá se Pinta con los Colores del Campo”.    

Finalmente, ¿cuál es el mensaje que quiere dejar a los colombianos respecto a esta iniciativa de paz que está creciendo?

El mensaje es que si el arte no existiera en este proceso de paz la palabra se habría convertido en algo cansón, por eso podemos decir que el arte y la tierra son el alma del proceso de paz. Que la mirada es volvernos a reconocer entre colombianos y saber que el campo tiene el mismo significado que tiene la ciudad y viceversa.

FUENTE: EL ESPECTADOR


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