Menú

Entérate

Mayo 3, 2019

Sheila Heti: “Dejen de preguntar a las mujeres que no tienen hijos por qué no los tienen”


La escritora canadiense de ‘Maternidad’ (Lumen) afirma que “todavía sigue siendo una opción muy valiente decidir no ser madre”

La escritora canadiense Sheila Heti se mueve con agilidad en sus novelas en esa frontera invisible que separa la ficción de la autobiografía. Maternidad (Lumen) es un nuevo ejemplo de su habilidad como funambulista: uno lee la novela como biográfica, pero no sabría discernir donde acaba la realidad y donde empieza la ficción. Sea como sea, Heti ha revolucionado la literatura de maternidad con una novela que, según afirma, da voz a un tipo de mujer que hasta ahora no se había visto representada: la que decide no tener hijos. Una mujer que carga con el estigma de “egoísta, hedonista o desconsiderada” y con el supuesto maleficio del arrepentimiento futuro.

A través de una franca, valiente y lacónica introspección, Heti nos acerca a esa decisión a la que tarde o temprano se enfrenta toda mujer: ser o no ser madre. Una decisión para la que en el caso de la narradora de Maternidad, y por extensión de Sheila Heti, la escritura de la novela actúa a modo de profiláctico: “escribir el libro no es una forma de decidir qué quiere hacer, sino de demorar la decisión hasta que sea demasiado tarde, hasta que el tiempo haya tomado la decisión por ella y ya no tenga la capacidad de tener un hijo biológico propio”.

A veces hay que engañarse a una misma para tomar decisiones difíciles aún de aceptar.

PREGUNTA. Maternidad es un libro muy valiente, una novela que indaga en ese conflicto al que se enfrenta toda mujer que se acerca a determinada edad sin haber sido madre. ¿Por qué te planteaste convertir ese dilema en el tema central de una novela?

RESPUESTA. Me pareció que había mucho por escribir sobre este tema, muchos pensamientos que no había visto escritos sobre ese momento en el que la mente se cuestiona la idea de ser madre. Ese dilema emocional no lo había visto escrito. Creo que todos los libros sobre la maternidad empiezan cuando el bebé ya está concebido o después de que haya nacido, así que vi que había un gran espacio nunca abordado antes de que naciera el bebé, un período de la vida que yo misma estaba experimentando. Cuando comencé a pensar en este libro me encontraba en un periodo de cuestionamiento.

P. Por eso el libro es pura introspección.

R. Personalmente me encantan las novelas que tienen lugar en la mente de un personaje y creo que Maternidad sigue el linaje de esos libros. Lo sentí como una forma de hacer una investigación personal, filosófica y biológica a partir de materia prima que estaba al alcance de mis propias preguntas y dudas. Sentí que quería ofrecerme una nueva narrativa para compartir con los lectores en la que pensar lo que podría significar el hecho de no tener hijos. Quería vivir en un mundo donde existiera este libro, de modo que como mujer sin hijos pudiera señalarlo y mostrar qué tipo de mujer era: una que hasta ahora no se había visto representada. Y quería que esta decisión se entendiera en su complejidad, que una mujer puede tomar esta decisión por razones complejas y personales; no porque sea egoísta, hedonista o desconsiderada.

P. Esa es una idea muy arraiga aún, ¿verdad?

R. La mujer sin hijos es considerada por muchos como la mitad de una mujer, la mitad de una persona. Por eso quería mostrar una persona completa, su interioridad en relación con esta vida que ella eligió. Y quería abrirle al lector posibilidades que ella podría no haber considerado antes al no haberlas visto nunca expresadas o escritas. Creo que con cada libro creas un mundo y esperas que este mundo cree nuevos mundos en nuestro mundo real y compartido.

P. La narradora parece haber tenido siempre muy claro que no quería ser madre (“eso es lo que me parece la procreación: un gesto necesario en el pasado y sentimental hoy en día”, llega a afirmar), pero aún así acaba sumergida en ese conflicto. ¿Es imposible escapar a él?

R. Creo que algunas personas lo evitan. Por ejemplo, aquellas que tienen hijos por accidente, las que no pueden tener hijos, o las que saben muy bien si quieren o no quieren. Para el resto es una pregunta real e ineludible, sobre todo porque una tiene un límite de tiempo en la cuestión de la procreación biológica. De todas formas, es una pregunta que parece activarse en un cierto punto. No siempre está ahí. Y luego, en un momento determinado, vuelve a desaparecer cuando se acaba el tiempo. También me gustó mucho eso: cómo la pregunta sale del tiempo y se sitúa en el tiempo. Y cómo ese tiempo se acaba.

P. “No ser madre es lo más difícil. Siempre hay alguien dispuesto a interponerse en el camino de la libertad de una mujer”, escribes. ¿Tan grande es la presión que sufrís las mujeres?

R. Creo que todavía sigue siendo una opción muy valiente el hecho de decidir no tener hijos. Todavía es algo que una mujer tiene que explicar. Nadie le pregunta a alguien que tiene hijos por qué los tuvo, pero si no los tienes sí que tienes que responder por qué no los tuviste. Esta decisión todavía va en contra de las expectativas de la sociedad, en contra de nuestras ideas de la más alta vocación de las mujeres, en contra de nuestras ideas de lo que el cuerpo femenino desea intrínsecamente.

P. En ese sentido la narradora explica como parte de sus preocupaciones sobre el hecho de no ser madre partían de una realidad: “a lo largo de la historia a los hombres les bastaba con que las mujeres existieran para parir hombres y criarlos”. “Yo no quiero ser un conducto”, afirma la narradora. Hay mucho feminismo en las páginas de Maternidad.

R. Sí, por supuesto. Es imposible separar la capacidad de una mujer para decidir su vida por sí misma de toda la historia del feminismo, que ha tratado de dar a las mujeres ese derecho, ese permiso que los hombres siempre han tenido.

P. Creo que gracias en parte al auge del movimiento feminista podemos leer libros como el tuyo, en el que la narradora se plantea conscientemente el dilema entre ser o no ser madre. Eso ya es un avance social, ¿no?

R. Sí, pero no es suficiente. Todavía no podemos aceptar que las mujeres puedan ser diferentes entre sí; que las mujeres sin hijos puedan satisfacerse sin ellos. No tenemos una palabra en inglés, y no creo que la haya en ningún idioma del mundo, para la persona o mujer sin hijos que no expresa esto como una carencia. No tener una palabra para algo ya te dice mucho sobre la invisibilidad y la ilegitimidad de esa cosa o experiencia en nuestro mundo compartido.

P. Me gusta mucho un fragmento en el que Erica, una amiga de la narradora, afirma que se tienen hijos para salvaguardarnos de arrepentimientos futuros. “¿Es justo obligar a alguien a vivir para evitar que nos arrepintamos?”, se pregunta la narradora. Y no he podido dejar en todos esos niños que nacen para evitar arrepentimientos o para salvar relaciones de pareja…

R. Es que no parece ser una razón de peso para dar vida a alguien. Pero si te fijas, el lenguaje del arrepentimiento solo se utiliza en relación con esta elección vital; cuando uno elige un trabajo no tiene a todo el mundo diciendo: “¿estás seguro de que estás tomando la decisión correcta? ¿Qué pasa si te arrepientes? La gente no actúa con tanta cautela y advertencia cuando eliges con quién quieres casarte o en qué ciudad vivir. No lo hacen tampoco cuando dices que vas a tener hijos. Solo se plantea esta cuestión en relación con el hecho de no tenerlos.

P. Tampoco hay nada terrible en el arrepentimiento, ¿no?

R. El arrepentimiento es una parte inevitable de la vida de todos, el resultado inevitable de ser una persona que decide las cosas y pone esas decisiones en acción. Cuando las personas intentan asustar a las mujeres para que tengan hijos porque podrían lamentarlo, la pregunta que nunca surge es: ¿Qué tiene de malo el arrepentimiento? Todos vivimos con cierto pesar. Una vida puede contener plenitud, alegría, interés, emoción, tristeza, arrepentimiento, errores, buenas elecciones, accidentes, caos. Cada vida contiene todo esto de forma inevitable.

P. Miles, la pareja de la narradora, afirma que no se puede ser una gran artista y una gran progenitora al mismo tiempo, porque tanto el arte como los hijos ocupan todo el tiempo y toda la atención. No sé si como artista, tú te has llegado a plantear también ese dilema.

R. Cualquier elección requiere sacrificios. Tener hijos requiere sacrificios de tiempo, de privacidad, de espacio mental. Por supuesto es posible hacer ambas cosas, tener hijos y hacer arte, pero ¿por qué una persona tiene que hacerlo todo? ¿Por qué una persona tiene que hacer su vida tan plena, tan difícil, tan exitosa? ¿Por qué una persona no puede simplemente hacer lo que más quiere y dejar las otras cosas menos importantes para ella? ¿Por qué no puedo, como mujer, decir que la maternidad es menos importante para mí que otra cosa que quiero hacer? No es una experiencia necesaria para todos.

P. Te hacía la pregunta anterior por un fragmento de la novela. “Sé que cuanto más tiempo trabaje en este libro, menos probable será que tenga un hijo (…) Este libro es un profiláctico”.

R. Fue así. La narradora descubre que escribir el libro no es una forma de decidir qué quiere hacer, sino de demorar la decisión hasta que sea demasiado tarde, hasta que el tiempo haya tomado la decisión por ella y ya no tenga la capacidad de tener un hijo biológico propio. Ella está usando su arte para salvarla de una vida (la maternidad) que realmente no quiere. Pero aun así ella no puede simplemente salir, decirlo y aceptarlo, no puede asumir toda la responsabilidad de esta decisión porque todavía es demasiado difícil de aceptar, así que tiene que engañarse a sí misma.

P. La escritura del libro te llevó varios años. ¿Te ayudó esa escritura a tomar la decisión final?

R. Realmente no. Probablemente me hubiera resultado más fácil si no hubiera escrito el libro. El libro me abrió la posibilidad de tener un hijo y de hacerme la pregunta de si tenerlo o no, el dilema central en mi vida durante muchos años. Si no hubiera escrito este libro podría haber sido un problema mucho más pequeño que se hubiese resuelto más rápidamente.

P. “A la comida que tomamos cuando el sol se ha puesto no le llamamos desayuno. Estoy en la tarde de mi vida. La hora de tener hijos es el desayuno”. ¿Cuándo una alcanza esa certeza, desaparece el dilema de la maternidad?

R. No creo que desaparezca nunca. He conocido a mujeres que tienen hijos adultos que aún piensan en cómo habría sido su vida si no hubieran tenido hijos. No, ninguna pregunta se resuelve por completo en la vida. Creo que el trabajo de la vida no es responder todas las preguntas para siempre, sino saber cómo convivir con ellas.

FUENTE: EL PAIS


Más Noticias