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Marzo 28, 2019

Las violencias contra las lideresas son más crueles que contra los líderes: Codhes


El informe Lideresas Sociales en Colombia: el relato invisible de la crueldad publicado por la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento da cuenta de las diferencias que hay entre los ataques contra lideres y lideresas. Los obstáculos para participar son mayores para ellas y las agresiones buscan castigarlas más que eliminarlas, como pasa con los hombres.

La Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (Codhes) estudió los patrones de violencia que sufren las mujeres que ejercen liderazgos en las regiones, los descubrimientos quedaron consignados en el informe ‘Lideresas Sociales en Colombia: el relato invisible de la crueldad’. Mucho se ha hablado de las agresiones en contra de los líderes sociales. El año pasado dejó un saldo más que preocupante: 378 agresiones, de las cuales 145 correspondieron a asesinatos. Las cifras que se presentan ante la opinión pública no permiten dimensionar que gran parte de esa violencia va dirigida contra las lideresas. “El mayor número de agresiones contra las mujeres son la amenaza individual (43%), la amenaza colectiva (25%) y el homicidio (17%)”, consigna el documento.

“La deshumanización, por parte de los actores armados contra las personas que ejercen liderazgo, se exacerba contra las mujeres”, señala el informe que también advierte que las finalidades de las violencias son diferentes contra los líderes y las lideresas: mientras que contra ellos tiene el objetivo de eliminarlos la que se ejerce contra ellas busca castigarlas. Incluso, los homicidios tienden a ser más crueles cuando asesinan mujeres. Sisma Mujer encontró que en el 66% de asesinatos contra ellas se encuentran agravantes como la violencia sexual y la tortura.

Otra forma que utilizan los violentos para castigarlas es asesinar a sus familiares. El 10% de las agresiones en contra de líderes y lideresas en el 2018 consistió en agredir a seres quediros de quienes ejercen liderazgos, de ese porcentaje más de la mitad de los casos fueron perpetrados contra ellas como una medida de intimidación y castigo.

También existen particularidades en la manera en que son amenazadas. Los grupos armados cuando les envían mensajes intimidatorios las atacan por el hecho de ser mujeres. “La amenaza es la principal agresión y el principal obstáculo que tiene las lideresas para ejercer su labor”, advierte el documento. En los panfletos y otros medios por los cuales les hacen llegar las amenazas, los violentos consignan lenguaje sexista, hacen insinuaciones sexuales y aluden a sus cuerpos, patrones que no se evidencian cuando los hombres son amenazados.

La violencia sexual también afecta de manera más crónica a las mujeres que a los hombres. El informe cita las cifras del Instituto de Medicina Legal, según el cual de 18 casos de agresión sexual en contextos de violencia sociopolítica el 89% de casos se perpetraron contra ellas. Se advierte que en ese tipo de violencia el subregistro alcanza niveles altísimos.

El documento señala que en los entornos donde persiste el conflicto armado hay unas “masculinidades hegemónicas”, lo cual deviene en un rechazo al “liderazgo y la defensa de derechos humanos ejercido por mujeres”. “Dado que las estructuras de discriminación basadas en las relaciones de género se manifiestan en todos los niveles, son en los escenarios de violencia donde se exacerban”, puntualiza.

Pero no son sólo los actores armados quienes ejercen discriminación hacia las mujeres. El documento también cuestiona los obstáculos enfrentan para ejercer los liderazgos dentro de las mismas organizaciones. “Mientras el 79% de las lideresas con acceso a espacios de participación del nivel nacional se graduó de educación superior, solamente el 51 por ciento de los hombres con el mismo acceso tiene este nivel educativo”, resalta la publicación.  “El 60 % de las lideresas consideran que no son escuchadas de la misma manera que los hombres y el 59 por ciento que no tienen las mismas oportunidades de liderar que los hombres”, complementa. “79% de las lideresas consideran como un obstáculo la sobrecarga de trabajo, mientras esta consideración solo la tienen el 6 por ciento en los líderes hombres encuestados”, agrega.

El documento le hace sugerencias al Estado. Al Gobierno nacional le recomienda que las medidas de protección para las lideresas no se limiten a la “militarización de los territorios”. A su vez sugirió que se adelante una “depuración de emergencia de miembros de la Policía y el Ejército” que están señalados de tener vínculos con organizaciones delincuenciales.

Sistematicidad

En el documento se insiste en la sistematicidad de los crímenes contra líderes sociales. “es difícil considerar que, dada la cobertura nacional de las agresiones, se considere que estas, especialmente los homicidios, no son sistemáticos”, afirma. Para explicar la sistematicidad que Codhes señala hay que remitirse a las lógicas regionales, muestra de eso es que “hay una concentración de los crímenes en determinadas regiones y subregiones del territorio nacional en dónde los riesgos para el liderazgo son mucho mayores”.

Las regiones que más preocupan a dicha organización social son el Norte del Cauca, el Bajo Cauca antioqueño, el Catatumbo (Norte de Santander) y los municipios que albergan puertos como Buenaventura, Cartagena y Santa Marta. También identificaron los sectores más afectados por esa violencia, del total de los asesinatos perpetrados contra lideres y lideresas en el 2018, el 51% fueron contra integrantes de Juntas de Acción Comunal y de comunidades étnicas.

FUENTE: EL ESPECTADOR

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