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Mayo 29, 2018

A ella le negaron un aborto y murió. Su historia despertó a Irlanda


La historia de Savita Halappanavar a quien se le negó un aborto y llegó a ser la protagonista de los llamados a la revocación de la Octava Enmienda de Irlanda, que prohíbe de manera efectiva el aborto en ese país.

El domingo, un mural en el centro de Dublín que retrata a una joven india de ojos brillantes con un lunar rojo en la frente, quien sonreía detrás de la palabra “Sí”, se llenó de flores, notas y velas. “Perdón por tardar tanto en responder, pero ya estamos aquí”, se leía en uno de los mensajes pegados con cinta adhesiva a la pared. “No nos olvidamos de ti”.

La mujer en el mural era Savita Halappanavar y su historia llegó a ser sinónimo de los llamados a la revocación de la Octava Enmienda de Irlanda, que prohíbe de manera efectiva el aborto en ese país. Su historia incitó a quienes hacían campaña para poner fin a la prohibición y se citó una y otra vez cuando el país votó el viernes a favor de revocar la enmienda de manera casi unánime.

La muerte de Halappanavar en 2012, a los 31 años, por septicemia —una infección que contrajo luego de que se le negó un legrado durante un aborto natural— desató la indignación en todo el país e impulsó un creciente llamado al cambio.

Para muchas irlandesas jóvenes, esta fue la primera historia tangible de cómo la Octava Enmienda, incorporada en 1983, podía afectarlas, comentó Melissa Barnes, estudiante de medicina de 20 años.

“Cuando Savita murió fue el momento en el que la gente de mi edad, en ese grupo de jóvenes, cobramos conciencia de lo que estaba sucediendo”, explicó Barnes. “Ni existíamos cuando la Octava Enmienda se aprobó”.

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Stephanie O’Toole, otra estudiante universitaria de 20 años de Dublín, la secundó. “Su nombre fue un catalizador para un debate importantísimo”, opinó O’Toole. “Ella se convirtió en un símbolo de esta lucha para una generación del pueblo”.

Halappanavar, dentista de profesión, y su marido, ingeniero, vivían en Galway en 2012 y se preparaban para el nacimiento de su primogénito. Todo eso cambió cuando, a las 17 semanas de embarazo, Halappanavar acudió al hospital con dolor de espalda el 21 de octubre y los médicos dijeron que estaba teniendo un aborto espontáneo.

Su marido relató que se le informó a Halappanavar que el feto no sobreviviría, pero que no se le podía practicar un legrado. Irlanda, le dijeron, es un “país católico” y sería ir contra la ley terminar el embarazo mientras el corazón del feto siguiera latiendo, explicó su viudo.

Luego de que se le negó el legrado en varias ocasiones, esperó días hasta que el corazón del feto dejó de latir. Le practicaron el legrado el 27 de octubre, pero para entonces ya tenía una infección y murió de septicemia al día siguiente.

Una investigación del servicio de salud nacional de Irlanda determinó que la confusión sobre la ley en materia de aborto del país fue un factor que contribuyó a su muerte.

Los opositores del aborto argumentaron que la “trágica muerte de Halappanavar no debía usarse para promover una campaña para revocar la Octava Enmienda”. Fue la infección, no las leyes restrictivas, lo que la mató, afirmaron.

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No obstante, Sabaratnam Arulkumaran, profesor emérito de ginecología y obstetricia de la Escuela de Medicina San Jorge de la Universidad de Londres, quien condujo la investigación del caso de Halappanavar, sugirió lo contrario en un testimonio ante un comité gubernamental.

“Una de las cosas que les impedía actuar mientras la atendían”, dijo, según The Irish Times, “fue esta cuestión de la Octava Enmienda, porque el corazón del bebé seguía latiendo”.

Barnes, la estudiante de Medicina, dijo: “Fue una tragedia de proporciones épicas que los doctores no hayan sido capaces de proveer atención básica a esta mujer debido a que podían incurrir en un delito. Me parece que lo que esto hizo fue despertar a los jóvenes, en especial a las mujeres, para que vieran con qué facilidad podía ocurrir algo así”.

Para otros que ya hacían campaña por el derecho al aborto, la muerte de Halappanavar marcó un punto de inflexión visible. Miles se congregaron afuera del parlamento irlandés en 2012 después de que se supo de su muerte, y acto seguido hubo manifestaciones y vigilias. A medida que trascurrieron los años, su nombre se convirtió en un grito de lucha.

Los padres de Halappanavar dieron permiso para que se usara su imagen en la campaña para revocar la enmienda.

“Espero que la gente de Irlanda recuerde la muerte de nuestra hija Savita el día del referendo y voten por el “sí”, para que esto que nos pasó no le ocurra a ninguna otra familia”, dijo su padre, Andanappa Yalagi, en una grabación de video que publicó la campaña Together for Yes (Juntos por el sí) antes de la votación.

Muchos electores sí la tuvieron presente.

Cuando se anunció el voto aplastante a favor de revocar la enmienda el sábado en el Castillo de Dublín, quienes favorecían esta decisión coreaban el nombre de Halappanavar. Gritaban “Savita” y sostenían carteles con su imagen. Yalagi comentó a The Irish Times el sábado que su familia estaba “realmente feliz” de escuchar que se había eliminado la prohibición del aborto.

Ahora Irlanda planea aprobar una legislación que permita los abortos relativamente sin restricciones hasta las 12 semanas de embarazo, sujeto a consulta médica y un corto plazo de espera. Después de las 12 semanas de embarazo, la terminación solo sería posible —hasta las 24 semanas— si dos médicos determinan que la vida de una mujer está amenazada por el embarazo o que supone un riesgo serio para su salud.

El gobierno dijo que esperaba aprobar la medida para convertirla en ley para fin de año. “Tenemos una última solicitud, que la nueva ley se llame ‘Ley Savita’”, dijo Yalagi. “Debe llamarse así en su honor”.

The New York Times 2018

FUENTE: EL ESPECTADOR


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