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Noviembre 14, 2017

Ofelia Uribe De Acosta, la voz insurgente


“Yo comprendí muy bien que sin la agitación necesaria los decretos que favorecían a la mujer fácilmente podían convertirse en letra muerta”.

Guiada por sus instintos y con una cabeza bien puesta, Ofelia Uribe de Acosta inició en su juventud una vida dedicada a la lucha por el voto, a la representación política, al acceso a la educación y a la independencia económica de las mujeres en Colombia.

Nació con el siglo XX en Oiba, Santander, fue la hija mayor entre cinco varones y desde niña exigió que se la tratara de la misma manera. Hurgaba entre los libros de su hermano Tomás, el mayor de los hombres, las historias de La Pola, Manuela Beltrán, Olimpia de Gauges y la obra de Julio Verne.

Aprendió de leyes ayudando a descongestionar el despacho de su esposo, Guillermo Acosta, juez de San Gil. Sin embargo, el conocimiento del derecho no le bastó, su llamado fue a la acción. “Yo comprendí muy bien que sin la agitación necesaria los decretos que favorecían a la mujer fácilmente podían convertirse en letra muerta”, resaltaba la necesidad de la representación política de las mujeres en una entrevista para El Magazín de El Espectador en 1986, que respondió con casi 90 años.

Junto a Cleotilde García de Ucrós peleó en 1930 por la independencia económica de la mujer. Se enfrentaron a senadores y representantes a la Cámara que se oponían a la reforma Olaya Herrera, que pedía estudiar el régimen de capitulaciones matrimoniales, con argumentos paternalistas como el del representante Muñoz Obando: “las mujeres colombianas están empeñadas en quebrar el cristal que las ampara y defiende; no saben que si este proyecto llegara a ser ley, quedarían a merced de todos los negociantes inescrupulosos, que se apoderarían de su fortuna, que es el patrimonio de sus hijos. ¿Qué podrían hacer sin el esposo, gerente de la sociedad conyugal, que es la inteligencia y el brazo fuerte sobre el cual descansa el patrimonio familiar?”. A lo que Ofelia y demás mujeres le gritaban desde la barra “No queremos tutores…” y el orador proseguía enfurecido “Pero los tendrán con su voluntad o sin ella…”. Ganaron en 1932 la Ley 28 que otorgó a la mujer derecho sobre sus propios bienes, que hasta ese momento obligatoriamente estaban a disposición de su marido, su padre o cualquier otro hombre de la familia.

Decía que fue bajo el mandato de Olaya Herrera cuando se dio “la liberación de los últimos esclavos colombianos: las mujeres”. Vivió para verlas votar y para decepcionarse de lo poco que pasó después de alcanzar el derecho. “A las mujeres les siguen, treinta años y más después del voto, regalando puesticos que ellas agradecen. Votan divididas en las diferentes corrientes ideológicas masculinas, cada una por un varón. Sirven para empacar o contar votos, para recoger fondos. (…) Nosotras conseguimos el voto con mucho esfuerzo, pero desde entonces no han surgido líderes capaces de aglutinarnos en un movimiento fuerte para formar un grupo de presión”, dijo para El Espectador.

Hizo parte del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), fundado por López Michelsen y Álvaro Uribe Rueda. Comenzó a ejercer su carrera política cuando la hegemonía conservadora gobernaba Colombia y su voz era apaciguada. Con la llegada de los liberales al poder sus ideas se expandieron, incluso, algunos políticos del partido le pedían que los acompañara en sus campañas por las regiones del país y le pedían consejos de oratoria.

Su batalla por el acceso de las mujeres a la universidad la llevó a enfrentarse a ilustres personajes de la época, como el ministro de Educación Germán Arciniegas, quien proponía la creación de universidades femeninas donde enseñaran “cursitos” de enfermería, trabajo social, decoración o nutrición, y que alejaran a las mujeres de las facultades de medicina y derecho. Cuenta su nieta Camila Sarmiento, quien la recuerda amorosa, fuerte, elegante y fumadora, que su abuela recorrió un largo camino burocrático hasta lograr inscribir a sus dos hijas en la universidad.

Ofelia Uribe de Acosta también fue maestra, escritora y periodista. No le faltaron agallas ni fuerza en el puño para abrir espacios de expresión para la voz insurgente de las sufragistas. En 1937 transmitió en la radio de Tunja, varias veces a la semana, un programa llamado La hora feminista, transgresor para la época incluso entre las mismas mujeres que optaron por contrarrestar su mensaje con La hora azul, una transmisión radial dedicada a resaltar las “más modosas virtudes femeninas”. Fundó, editó, dirigió y distribuyó la revista mensual Agitación femenina, publicada por primera vez en 1944. “Era importantísimo tener una publicación periódica, porque no teníamos voz ninguna ni manera de dejar constancia de nuestras ideas y, sobre todo, forma de presentar proyectos. Conseguíamos congresistas que presentaran proyectos a favor del voto, pero no teníamos respaldo. Necesitábamos una tribuna”.

Un año después de la constituyente convocada por el general Rojas Pinilla que otorgó el voto a las mujeres por medio del Acto Legislativo N° 3 de 1954, Ofelia Uribe de Acosta fundó el semanario Verdad, escrito y editado por mujeres. Acostumbrada a la oposición, recibió por esta publicación un ataque frontal. En la entrevista que dio para El Magazín en 1986, le contó a la periodista Anabel Torres que “los pocos anunciantes que tenían se retiraron paulatinamente, amenazados por los grandes medios de retirar sus avisos si anunciaban en el periódico. Los voceadores renunciaron porque si repartían Verdad les quitarían la distribución de El Espectador y El Tiempo, y en ella su sustento”. Así que la solución del equipo fue coser uniformes y enviar a los primogénitos a las calles para repartir la publicación, lo que tampoco resultó, por la tremenda paliza que recibieron por los opositores.

Así como se enfrentó a periodistas y dueños del poder, también lo hizo contra comentarios baladíes, que incluso hoy se mantienen, y que intentan simplificar a las feministas en mujeres feas y solteronas que “se quedaron sin puesto en el banquete del amor”.

En su libro Una voz insurgente, publicado en 1963 como consecuencia de su obsesión por dejar en el contexto nacional el rastro de lo vivido en la lucha feminista, escribió “tremenda fue la lucha y enconada la controversia. Los varones, a quienes tantas gracias habían hecho en un principio los retozos políticos de un puñado de ‘traviesas muñecas de salón’, empezaron a ponerse muy serios y terminaron por encolerizarse con las ‘horrendas viejas feministas’”.

El día del matrimonio de su nieta Camila en 1979, Ofelia le entregó dos regalos: un modesto balde de plata para los hielos y una carta a la que llamó mensaje espiritual, que incluía consejos para la vida. En ella le recordaba que “ni la belleza, ni la elegancia, ni el cultivo intelectual, ni la capacidad de ama de casa, esposa y madre, deben sufrir mengua en la vida adiestrada en la siembra, el cuidado y la recolección del fruto logrado. Y aunque no parezca, sí es posible cubrir tantos campos a la vez con orden, dedicación y estudio. Siempre he creído que la vida es acción y es tan breve que hay que aprovecharla al máximo abriendo el camino de la propia felicidad y la de quienes nos rodean”.

FUENTE: EL ESPECTADOR


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